las dos caras de las ciudades

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La ciudad nunca ha sido un lugar más excitante que ahora para vivir.

La vida secreta de las ciudades es un librito de apenas 150 páginas que escribió el periodista neoyorkino nacido en Bombay, Suketu Mehta. Este señor, que escribe muy bien y ha recibido premios a tutiplén, quedando incluso finalista del Pulitzer (que es lo más de lo más), se dedica también a viajar mucho y a conocer ciudades. Y cuando digo a conocer ciudades no me refiero a las ciudades que aparecen en las guías turísticas, esa ciudad oficial en su relato y en su imagen, si no a la otra cara, la ciudad oficiosa, la que viven las diferentes personas que habitan en ella, cada una con sus visiones y experiencias. Estamos hablando de la ciudad real, o por lo menos, más real que la turística.

Esa ciudad oficiosa es la que se construye con las vivencias de quienes viven en ella, es la historia que se transmite de forma oral, en recuerdos familiares, en conversaciones de bar, en fiestas vecinales y en los encuentros de migrantes. Porque ese es uno de los elementos más fascinante de las ciudades del siglo XXI. Son ciudades cada vez más mezcladas en los orígenes de las personas que los habitan, con sus historias de película, con sus dramas y también con sus esperanzas. Ciudades que no cumplen, seguramente, con los estándares de ciudad ideal marcados por ex-banqueros que ahora se dedican a otorgar esos puntos para el ranking de mejor ciudad. Sus ciudades, las de esos ejecutivos, son ciudades normalmente aburridas, porque la ciudad perfecta, nos guste o no admitirlo, es aburrida. La ciudad viva es la que tiene elementos que, sueltos, nos pueden incomodar, o no nos gustan, pero que le dan la personalidad de esas ciudades atrayentes. La diferencia entre Londres y Ginebra es el bullicio que se desprende en una y el sopor que emana la otra.

A mi el libro me ha encantado. Se lee en un par de tardes y se disfruta en cada una de sus páginas. Es un ensayo escrito de una manera muy amena que te va ofreciendo datos y pensamientos con los que poder reflexionar. Las ciudades del siglo XXI tienen que ser ciudades sostenibles, en muchos aspectos, en el urbanismo, en el energético, accesibles, ecológicas, con espacios para el ocio y educativas. Pero sobre todo, tienen que ser ciudades que las vayamos haciendo las personas que en ellas vivimos, con nuestras historias particulares, nuestros dramas y nuestras esperanzas. Lo dicho, un buen libro sobre la ciudad, para saber de qué hablamos cuando hablamos de gentrificación, migración, servicios municipales y planes urbanísticos, sin tener que inventarnos nada.

postales desde dentro

A casi 10.500 kilómetros de distancia de mi hogar, en el país que ve nacer la estrella que rige nuestros días, pensé que las palabras son más palabras si se escriben sobre papel, a lápiz, o mejor con una pluma de tinta negra y que, a pesar de que esas palabras llegarían días después de mi vuelta, eran y son palabras que contienen parte de lo que llevo dentro. Por eso, en los días en que me dediqué a descubrir Japón, aproveché momentos de descanso, espacios de parada, en el silencio de un monasterio zen, en una cafetería con vistas a la locura metropolitana de Tokio, en un pequeño bar, tras comer un ramen y un bol de arroz, en el tren, a una velocidad vertiginosa, para escribir postales. Casi veinte pequeñas misivas, personalizadas, escritas con la sensación de estar dejando una parte que está muy dentro de mí. Sonreí mientras lo hacía, recordé vivencias con esas personas, imaginé qué estarían haciendo en esos momentos. Pagodas, cerezos, palacios, acuarelas, símbolos extraños para Occidente, retazos de una cultura con su cara y su cruz. Todas ellas las fui metiendo, conforme las escribía, en inmaculados sobres que compré en una tienda barata y que después tuve que pegar con pegamento de lo baratos que eran. Nombre y dirección, centrados, en pluma negra, intentando hacerlo con buena caligrafía, por lo menos clara y limpia, aunque no llegue, ni mucho menos, al arte de los calígrafos que veo por ahí. En las primeras pude poner sellos japoneses, de los dentados, seguramente con el sagrado Fuji dibujado en ellos, no lo recuerdo. En las últimas, el impuesto del correos nipón iba pegado en pegatina, qué pena. Y las postales fueron llegando y nunca me habría imaginado la ilusión que hicieron a la mayoría, más allá de la ilusión que me hicieron a mí escribirlas, y las llamadas agradeciéndolas y los mensajes emocionados. Si una simple postal, con cuatro líneas escritas, es capaz de sugerir y ocasionar esos sentimientos, estamos haciendo algo, por lo menos raro, con este mundo. Un mundo supuestamente cada día más conectado, pero cada vez más impersonal y con más personas solas. Si no fuese porque me iban a tomar por un loco, o por alguien más loco de lo que uno está, escribiría postales todas las semanas. Lo malo es que aquí no hay postales de geishas.

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seguimos trabajando, más que nunca!

Yo creo que eran cerca de las siete cuando se dio paso a la votación del Proyecto de Presupuestos de Iruñea para 2019. Un proyecto trabajado mano a mano con barrios, colectivos, dinámicas sociales y vecinas y vecinos. Unos presupuestos eminentemente sociales, que respondían a las necesidades de la gente, principalmente de la que normalmente aparece en las noticias como el sector marginado de esta sociedad tan individualista y que entre unos y otros, por lo menos algunos, intentamos cambiar. Eran una respuesta a las emergencias de vivienda que existen en Iruñea, con una importante inversión en la rehabilitación de las viviendas municipales que hasta esta legislatura estuvieron abandonadas por anteriores gobiernos. Inversiones reales, contantes y sonantes, para hacer de esta ciudad un lugar donde vivir mejor, siendo vanguardia en esa responsabilidad que tienen las ciudades para conseguir un planeta equilibrado y sostenible. Con partidas en movilidad, de cara a hacer una ciudad para las personas, no una carretera para los coches con casas alrededor. Miles de euros para seguir fomentando las políticas de igualdad que cambien el modelo de este sistema machista, donde esa masculinidad retrógrada ejerce su violencia al resto de la sociedad, principal y mayoritariamente contra las mujeres, que hubiesen dispuesto de una Casa de las Mujeres donde desarrollar sus propias reflexiones, tan necesarias. Apuesta por reparar y renovar las instalaciones de los colegios públicos de la ciudad en un decidido compromiso por una educación pública y de calidad. Estos son cuatro ejemplos de los muchos que existían en ese Proyecto de Presupuestos que a esa hora, más o menos, se truncaron gracias al voto de Aranzadi dando la mayoría a la oposición del Régimen, UPN y PSN. Quién nos iba a decir hace tres años y medio que aquellos que venían, supuestamente, para dar aires nuevos a la política, iban a unirse a ese Régimen que tantos años nos costó mandar al txoko de pensar.

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Recién terminadas las fiestas en torno al puente foral, comenzaron los primeros contactos y relaciones con el resto de grupos municipales del antiguo cuatripartito, de cara a poder llegar a un acuerdo que lograse los cuartos presupuestos del cambio. Geroa Bai, desde el principio, mostró su compromiso a llegar a un acuerdo con el resto de grupos. IE, ya en la primera reunión, dejó claro que eran conscientes de la situación económica del Ayuntamiento y dijeron que su responsabilidad con el cambio pasaba por hacer posibles los presupuestos del año 2019. Con Aranzadi fue más complicado. Fueron necesarias cinco reuniones para poder llegar a un acuerdo previo a la firma del mismo y se asumió por todas las partes un documento con veinte puntos. Mientras esto ocurría discretamente, Aranzadi, dentro de su estrategia comunicativa, fue dando ruedas de prensa día sí y día también, presentando exigencias por valor de 9 millones de €. Se les solicitó que trabajasen las enmiendas para saber de dónde proponían sacar el dinero para esas partidas, pero no quisieron (o no pudieron) hacerlo. En las negociaciones con Aranzadi se llegó también a un acuerdo por el cual Geroa Bai retiraba su enmienda a la ordenanza de establecimientos hoteleros y se asumía la propuesta técnica basada en regular y controlar las distancias entre establecimientos. Pero, de manera sorprendente, Aranzadi, dos días antes del pleno de Presupuestos, se descolgó de la posibilidad de firmar ningún tipo de acuerdo con los otros tres grupos del cambio (EH Bildu, Geroa Bai e IE), y cambió de posición sobre el acuerdo en torno a la ordenanza reguladora de hoteles, exigiendo la votación de su enmienda a dicha ordenanza como indispensable para su apoyo a los presupuestos. Es decir, exigieron que su enmienda, muy endeble jurídicamente, fuese el único requisito de cara a la aprobación de unos presupuestos de ciudad, por delante de la propuesta real que regulaba de manera muy estricta la instalación de establecimientos hoteleros en el Casco Viejo. Con esta exigencia, dieron a entender que a Aranzadi los Presupuestos y las inversiones en barrios y dinámicas sociales les importaba un comino. Nada.

Y así, tras el pleno y valoraciones, llegamos a ayer por la noche en el que conocimos un vídeo, extracto de un vídeo más largo colgado en Youtube, de una asamblea de Orain Bai (el sector escindido de Podemos Navarra) celebrada el 24 de noviembre, en el que se ve y se oye a un destacado miembro de Aranzadi exponiendo la estrategia de no aprobar presupuestos en las instituciones, que es lo que finalmente hicieron el jueves en Iruñea. Es decir, era una estrategia que ya la tenían pensada incluso antes de conocer la propuesta de Presupuestos, antes de saber que tres grupos del cambio llegarían a un acuerdo para sacar adelante esos presupuestos y sin conocer el cambio de actitud de Geroa Bai respecto al la ordenanza de establecimientos hoteleros. Tenían, antes de comenzar a hablar con nadie, la decisión tomada. Su objetivo era, desde un principio, tumbar los presupuestos de Iruñea para 2019. En su disparatada estrategia electoralista y partidista (que no entiendo en qué les beneficia, está claro que a la ciudad en nada) hicieron un teatro de negociaciones poniendo como excusa su enmienda a la ordenanza, y prefirieron, finalmente, dejar a la ciudad, a los barrios, a los colectivos y a las vecinas y vecinos de Iruñea, sin las inversiones trabajadas mano a mano con el Ayuntamiento y que iban a suponer el culmen de meses, y en algunos casos años, de trabajo desde la calle y movimientos sociales y vecinales.

Está claro que la dirección de Aranzadi no tiene un problema con EH Bildu, ni siquiera con el resto de partidos del cambio al haberse situado fuera del mismo. Con quien tiene un gran problema, aparte de las miles de personas que votaron a su formación, es con las decenas de miles de vecinas y vecinos que apostaron y votaron en 2015 para que décadas de Régimen pasasen a la historia. Lograron ser la mayoría necesaria para el Régimen, sin olvidar lo que ayer dijo el alcalde Asiron: “el sector que apoyó a Aranzadi en 2015 sigue siendo igual de importante y necesario para el cambio en Iruñea“. Ojalá esas miles de personas puedan encontrar en el cambio la ilusión para seguir trabajando por la Iruñea de todas y todos.

El objetivo principal de EH Bildu a partir de ahora es seguir mirando hacia adelante, trabajando, más que nunca, para que las dinámicas y proyectos surgidos desde la calle, colectivos y movimientos vecinales y sociales, sigan siendo el motor y la base para conseguir el cambio en el modelo social y de ciudad para Iruñea, un modelo solidario, sostenible, justo y feminista en el que mejoren las condiciones de vida de toda la ciudadanía y en donde los derechos de todas y todos sean la prioridad. Todos esos proyectos ahora imposibilitados por la dirección de Aranzadi y que iban a ser realidad en Txantrea, Sanduzelai, Etxabakoitz, Iturrama, Lezkairu, Ensanches, Alde Zaharra, Donibane, Arrosadia, Mendillorri, Ripagaina, Azpilagaña, Mendebaldea, Arrotxapea y Ermitagaña y en toda la ciudad, seguirán siendo nuestra prioridad.

No puedo olvidar el inmenso trabajo que mis compañeras y compañeros de EH Bildu en el Ayuntamiento han realizado durante estas últimas semanas. Ha sido un esfuerzo que, más allá del resultado, no hay duda que ha merecido la pena en ese recorrido para conseguir la corresponsabilidad municipal a través del diálogo. Un trabajo tras el que han participado muchas personas trabajadoras del Ayuntamiento y sobre todo miles de vecinas y vecinos de toda Iruñea. Eskerrik asko eta aurrera!

“Hoy ya no es ayer”, dijo Joseba Asiron. Hoy es mañana. Hagamos lo posible porque siga siendo un mañana para todas y todos. Nosotras seguiremos trabajando para que así sea.

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Protegido: todo un año de libros – 2018 (privado)

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el futuro de Amaiur hay que trabajarlo ahora

Ayer, este hilo en Twitter, de Emilio Santiago, en donde habla sobre las consecuencias cada vez más ciertas de la extralimitación ecológica, es decir, por dónde va a saltar todo después de que nos hayamos pasado de la raya con el planeta, suscitó un movimiento inusual en WhatsApp con debates y reflexiones en torno al futuro que les depara a las siguientes generaciones. La cuestión es que el doctor Santiago afirma en ese hilo, que desde luego aconsejo leer, que el talón de Aquiles de las barbaridades cometidas con el planeta van a ser el agotamiento de los combustibles líquidos y el propio sistema de transporte del que dependemos en el actual modelo económico y social.

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A la contaminación y el calentamiento global, consecuencias directas del uso del petróleo como fuente de energía, se le une la escasez y agotamiento del mismo. Si las dos primeras consecuencias negativas no han producido movimientos globales que desestabilicen el sistema, la escasez del mismo, en definitiva la reducción y desaparición del negocio, va a producir, a buen seguro, movimientos violentos entre los productores del petróleo, consumidores, estados y en definitiva personas.

Claro, si se acaba el crudo, como así está ocurriendo, el problema no va a ser cómo nos vamos a desplazar las personas en nuestros propios ámbitos, con especial incidencia en el rural, claro está, si no qué va a ocurrir con los desplazamientos de productos que se hacen mediante avión, barco o camiones. Por eso es indispensable cambiar nuestro modelo de transporte, desde luego, y dejarse de macro proyectos como el TAV, pero también es vital cambiar nuestro propio modelo de consumo y de alimentación. Tenemos que ser capaces de producir el 100% de lo que vayamos a comer, así de sencillo y de complicado. Los productos kilómetro 0 no son solo la alternativa de unos cuantos ecologistas. Las huertas urbanas no son nada más el pasatiempo de un grupo de hippies. El comercio cercano no es simplemente el modelo de cuatro vecinos comprometidos más o menos con su barrio. 

Es evidente que el problema, el gran problema, necesita una gran solución con la que nadie, por ahora, ha dado. Desde mi ignorancia intuyo que la solución comenzaremos a verla cuando seamos capaces de cambiar el sistema capitalista neoliberal que no respeta al planeta ni a las personas, animales y plantas que vivimos en él. Pero mientras tanto podemos seguir trabajando, individual y colectivamente, para cambiar nuestros hábitos y plantar cara a ese sistema impuesto y dañino no dejándonos someter. O intentando que nos someta menos, pero siendo conscientes de ese sometimiento. Debemos afrontar la transición ecológica repensando los 5 ejes básicos de nuestra sociedad: la alimentación, la energía, la economía, la democracia y la educación. Y en cada uno de esos 5 apartados, cada una de nosotras y nosotros, tenemos mucho que decir y hacer, tenemos todo por cambiar.

Una de las personas que mostró su preocupación con los datos ofrecidos en ese hilo fue mi hermano Xabi, que en un signo de paternidad se preguntó qué mundo íbamos a dejar a Amaiur, su hijo. Y creo que la respuesta sigue siendo que intentaremos, de manera individual y ojalá colectiva, dejarle el planeta algo mejor que como nos lo encontramos. Lo tenemos difícil, es verdad, pero tenemos que intentarlo. Y mientras tanto, a Amaiur y su generación tenemos que dejarles el convencimiento de que las cosas se pueden cambiar y que aunque hubo un tiempo en que lo hicimos tremendamente mal con el planeta, nos empezamos a dar cuenta que se podía vivir de manera respetuosa con nuestro entorno y que eso empezaba por un cambio en nuestros propios microsistemas. Un beso.

lee, no desesperes y sonríe

Con San Saturnino llega esa semana larga de fiesta y entre fiestas, de esos días que no sabes si abren los supermercados, pero tienes la seguridad de que abre el pequeño ultramarinos de la esquina, aunque sea con un horario raro. Esos días en los que se encienden las luces navideñas al comienzo del Adviento, aunque en Iruñea se iluminen en la fiesta del patrón, que para eso somos muy nuestros, en los que los escaparates lucen el esplendor necesario para atraer las compras necesarias para el negocio. Un supuesto tiempo de esperanza entendido por pocos y compartido por menos, engullido en los viajes a bajo coste con mil fotografías idénticas por minuto, con preparativos de los menús de las comidas para las navidades, –“algo que sea diferente al cardo de siempre”, –“pues vaya, chico, con lo rico que está”, y con listas de regalos que hacer, sin pensar muchas veces en la persona a quien se regala, simplemente cumplir con la obligación.

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Y en una tarde particularmente luminosa a pesar del frío, me calzo las zapatillas para pasear mientras los parroquianos que siguen en la ciudad llenan el Sadar para ver a los rojillos ganar, llenan los bares para ver a los mismos y llenan los salones de las casas, que no es un mal momento, para sumergirse debajo de la manta con un buen libro unos pocos y enchufarse a la televisión los más. Y precisamente, concluido uno de los libros que leía, Algunos libros, las charlas de E. M. Forster en la BBC, publicado por Alpha Decay, aparto mi manta a un lado y me lanzo a la calle. Y mientras observo desde la Media Luna cómo la luz del día invernal decae irremediablemente vencida en las huertas de la Magdalena, pienso en este escritor tan british que conocí gracias a un puñado de películas particularmente bellas dirigidas por James Ivory y otros directores. Películas hermosas, de fotografía evocadora y música deliciosa, igual de preciosas que la forma que emplea el autor para contar básicamente historias de relaciones entre personas. Forster era un hombre muy culto, exquisito, pero tenía la capacidad de no imponer su conocimiento a nadie y de incluir a todas las personas que se encontrasen en una conversación con él, independientemente de su nivel intelectual.

El escritor colaboró con la BBC durante treinta años ininterrumpidos, aunque de manera irregular, lo que dejó el resultado de más de 150 programas hablando de literatura occidental, mayoritariamente inglesa, narrativa, ensayo y también poesía. Y resulta que, en realidad, lo que menos importa de ese libro y de aquellos programas eran las obras que recomendaba o de las que hablaba y reflexionaba. Lo bonito de este libro es escuchar a través de esas páginas a una persona enamorada de los libros, aunque irónicamente señala al comienzo del libro, en uno de sus primeros programas, que los libros no son lo más importante de este mundo. Y mira, en eso estoy completamente de acuerdo. Pero con sus glosas a diferentes autores, sin evitar la crítica y las pullas moderadas, subrayaba, sin querer, la importancia de leer, de reflexionar sobre lo leído y sobre lo escrito, del contexto de esa escritura y del contexto de la propia lectura, de desarrollar, al fin y al cabo, un criterio propio ante la vida y una capacidad para dirigir tu propia historia, a pesar de lo difícil que es no dejarse arrastrar por la corriente impuesta por unas redes sociales deshumanizadas, unos medios de comunicación obedientes al cheque de quien paga y un modelo social consistente en comprar y vender.

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Y en una de esas noches, hubo quien se quitó la careta autoimpuesta durante más de cuarenta años y llevó a un parlamento elegido en las urnas a la antítesis de lo que fue E. M. Forster. El populismo insultante y sin criterios tiene muchas causas, políticas las más y sociales las demás, pero, sin duda, una de esas causas es haber hecho de la educación un negocio de títulos que se venden y se compran y no un lugar desde donde fomentar conciencias, personas con criterio y capacidades intelectuales para reflexionar individualmente. Y una prima, en esos días, hoy mismo, tras conocer la ceguera de una judicatura ante un claro acto de violación, se preguntaba qué estamos haciendo mal. Y me dio, me ha dado por sonreír, porque tengo claro que esa ceguera y la propia tiranía que algunos llevan en su ideario político y ahora descubren convenientemente edulcorados, es la respuesta histérica al cambio y avances sociales que se han ido dando en las últimas décadas. Y me he acordado de Timothy Snyder y sus veinte lecciones sobre la tiranía y sobre todo he vuelto a recordar a Rebecca Solnit y su magnífico ensayo Esperanza en la oscuridad, que habla sobre el increíble poder que tenemos la gente y los logros conseguidos y muchas veces no tenidos en cuenta. Y he sonreído, porque qué más quisieran algunos que dejásemos de sonreír. Un beso.

sigo estando

El 6 de julio de este año, día de emociones y comienzos, día de recuerdos y esperanzas, fue la última vez que publiqué una entrada en este blog dslegi.com. Ha sido una pausa necesaria y todavía no tengo muy claro si esta entrada es un grito para reanudar el diálogo o voy a seguir un tiempo exclusivamente escuchando, observando y muchas veces contemplando.

Llegué a los Sanfermines absolutamente agotado, física y psíquicamente. Diría que, incluso, anímicamente. No fue, ni lo ha sido nunca, un estado depresivo. Ni mucho menos. Pero necesitaba detenerme y pensar, pararme y descansar. Algunas de vosotras y vosotros sabéis que a finales de julio pasé una semana en el monasterio de Leire, junto a la comunidad benedictina que vive allí. Esos siete días conviviendo con esos 21 hombres dedicados a rezar, fueron un bálsamo para mí. Allí me sorprendí con unos amaneceres y atardeceres limpios y puros como no recordaba. Descubrí el sonido del ciclo de la vida, el silencio justo antes del amanecer, las golondrinas volando y chillando en el comienzo del día, los miles de pájaros que empiezan el día llamándose y buscando comida, las cigarras que, con el sol ya en el firmamento, unen sus cantos para ser parte indiscutible de esa banda sonora, el viento al atardecer entre los árboles y recorriendo la sierra, el ulular de las lechuzas cuando cae la noche. Y todo ello acompasado al sonido propio del monasterio. Las campanas llamando a los oficios, el gregoriano milenario desde las gargantas jóvenes y viejas de esos monjes, solo el sonido de las piedras mientras paseas por los alrededores del monasterio antes de que lleguen los turistas, las hojas del libro cuando las rozas con el dedo mientras lees, unos pasos en el claustro, el órgano en la iglesia, el cazo de sopa cuando te sirven en la comida silenciosa. Salí agradecido y descansado, relajado y sereno.

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Me he dedicado a pensar en la utilización que he dado a las redes sociales, al Facebook desde junio de 2008 y a Twitter desde noviembre de 2009. No estoy orgulloso de muchas de las cosas que he hecho a través de estas redes. De la misma manera que este blog nació como medio para un diálogo permanente, las redes sociales siempre han sido para mí un instrumento para hablar y sobre todo escuchar. Y reconozco que he tenido muy buenas conversaciones en ellas. Pero muchas veces no lo he conseguido. El ímpetu para defender las opiniones propias no puede ser excusa, en ningún caso, para atacar a nadie y ahí quiero entonar un público mea culpa. No soy de insultar, pero reconozco que hay quien se ha podido sentir insultado. No empleo la agresividad, pero no tengo duda que hay quien ha podido sentirse agredido. He utilizado la ironía y la burla muchas más veces de las que me hubiese gustado. Si mi intención era escuchar, en muchas ocasiones, demasiadas, solo ha servido para escucharme a mí mismo. Por lo tanto, si alguien se ha sentido ofendido por algo que haya dicho o escrito, espero no lo tenga en cuenta. Hay quien puede pensar que el problema es original en el propio objetivo de estas redes sociales, y razón no le falta, pero no estoy a gusto habiendo sido contribuyente en ello. Claro que estas redes sociales en concreto (igual algún día alguien inventa unas redes sociales buenas) tienen objetivos absolutamente opuestos a fomentar las relaciones sociales. No me voy a extender mucho en este aspecto, pero estoy convencido que estas redes fomentan un tipo de personas rencorosas, tristes, sin empatía, aisladas y sin capacidad de contraste. Hay que ser muy fuerte para que este tipo de redes sociales no saque lo peor de nosotras y nosotros y sobre todo, aunque sea duro decirlo, no coarte nuestra libertad. Quien quiera extenderse más en el tema hay un buen libro para hacerlo, Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato, de Jaron Lanier.

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Luego, en octubre me fui a Japón dos semanas. Fue un viaje en el que descubrí otro mundo, más atento a las cosas pequeñas de la vida, un lugar donde se le da valor al silencio, en donde el concepto de comunidad me emocionó, en donde el respeto me abrumó, un espacio donde el orden es parte de esa forma de vida y de la serenidad que desprende. Pero también asistí a la enfermedad de una sociedad con unos niveles de soledad impresionantes, con una ciudad que se traviste cada noche infantilizando las relaciones entre las personas y a las propias personas, un lugar donde la gente no se ríe en la calle, como mucho sonríe y en donde el orden es también quien esclaviza a la gente, en la calle, en el metro y en el trabajo. ¿Son felices los japoneses? Creo que inmensamente sí, si la felicidad se basa en ser capaz de gozar del sonido de una gota de agua cayendo desde el caño de bambú de una fuente en mitad de un jardín. Pero también creo que, aunque esa fuente la tienen ahí todos los días y disfrutan de ella, también sufren la infelicidad de una sociedad encorsetada en unas normas y unos niveles de autoexigencia terroríficos. Yo sigo enamorado de Japón, de su cultura, literatura, paisaje y costumbres. Prefiero quedarme con lo bueno.

Este sábado, antes del vermut, leí un cuento corto bellísimo de Stefan Zweig (toda su literatura desborda belleza) sobre un hombre bueno que buscaba incesantemente la justicia en sus acciones. Después de leer Los ojos del hermano eterno llegas a la conclusión de que viviendo en una sociedad, sea esta del tipo que sea, siempre, irremediablemente, cualquiera de tus acciones o no acciones, influyen en otra u otras personas. Lo deseable sería que estas influencias y consecuencias de lo que hacemos o dejamos de hacer fuesen siempre positivas. ¿No? Hasta la próxima. Gracias por todo. Un beso.