conmovedor lamento

Una epopeya latina del siglo I antes de nuestra Era, encargada por el primer emperador de Roma, Troya destruida, una reina cartaginense, un refugiado troyano que naufraga, como tantos naufragan hoy ante nuestros ojos en las mismas aguas, amor, celos, engaño y despecho y finalmente una de las arias más conmovedoras de toda la historia de la música, donde la protagonista, lamenta su final antes de quitarse la vida. Os cuento.

Un héroe que se va, una reina que se queda y un lamento para morirse

Henry Purcell es, sin duda, uno de los mayores compositores ingleses de todos los tiempos. Yo diría que el mejor, pero como siempre me dicen que soy muy categórico, pues no lo digo. Pero lo diría. Este señor de abundante cabellera que seguro sería una carísima peluca, nació en Westminster, que por cierto, por mucho que esté en el centro de Londres, todavía hoy, mantiene categoría de ciudad. Lo que comúnmente llamamos Londres es, en realidad, un condado llamado el Gran Londres y que tiene 32 municipios, uno, el más céntrico, La City y otro, el más famoso, Westminster. Pues nada, que después de este repaso a la administración londinense, para mi realmente curioso, continúo con la vida de Purcell. El caso es que el músico, nacido en el 10 de septiembre de 1659, formaba parte de una familia bien situada, con su padre y tío caballeros de la Capilla Real, con unos buenos profesores desde chiquito y con una educación poco común en aquella época. Sea como fuere, con 17 añitos fue nombrado ayudante de organista de la Abadía de Westminster, esa imponente iglesia donde las reinas y reyes ingleses son coronados, casados, se celebran sus funerales y, hasta finales del XVIII, eran enterrados. Desde entonces el ayudante se dedicó a componer músicas, odas e himnos para la Capilla Real y alguna que otra obra menor para los escenarios. En 1683, un año después de casarse con Frances Purcell, fue nombrado organista de Westminster y estuvo seis años, seis, dedicado a componer obras de carácter religioso, hasta que, en 1689, compuso la que seguramente es su obra más famosa, la ópera Dido y Eneas, Dido and Aeneas Z 626, en el original.

Esta ópera en tres actos está basada en el libro IV de la Eneida, de Virgilio y encargada por el mismísimo Augusto, y en obras anteriores de quien fue autor del libreto de la misma, Nahum Tate. Se trata de la única ópera, propiamente dicha, de Purcell, ya que otras obras para los escenarios eran semióperas, es decir, obras habladas con partes cantadas y musicalizadas. Fue estrenada en la primavera de ese 1689 en que María Estuardo, hija de Jacobo II, fue coronada reina de Inglaterra como María II, tras la huída de su padre. Para posibles confusiones advierto que esta María Estuardo no es la famosa reina de Escocia que fue sentenciada a morir decapitada por su prima Isabel I. Junto a esta María, ascendió al trono Guillermo, príncipe de Orange, de la casa de los Orange-Nassau. Introdujo, por tanto, la ascendencia alemana en la casa real reinante de Inglaterra hasta nuestros días, por mucho que los actuales se hubiesen cambiado el nombre de Sajonia-Coburgo-Gotha a Windsor. Total, todos primos. Que me enrollo. El caso es que fue estrenada, ese año, en la escuela para muchachas del señor Josias Priest.

Debido a que no hay ninguna partitura manuscrita y la primera fuente es un libreto y una partitura copiada más de setenta años después, se puede asegurar que el final de la primera parte y las danzas que, a buen seguro, animarían los entreactos. La ópera tiene coros y danzas, como se estilaba en aquella época en la corte del cristianísimo rey de Francia y canciones populares, como la de los marineros del comienzo del primer acto (Come away, fellow sailors). Destacan, así mismo, el coro final (With drooping wings), de una profundidad impresionante o la chacona para guitarra del acto II, una delicia que nos da idea de cómo serían varias danzas que en el libreto, sin partitura, aparecen como ejecutadas con la guitarra y que, desgraciadamente, se perdieron. Sea como fuere, la más impresionante de las arias de esta ópera y de la música en general, y a la que va dedicada esta entrada es, sin duda, el lamento final de Dido antes de morir, el llamado Dido’s LamentWhen I am laid in earth.

“Recuérdame, pero ¡ay! olvida mi destino”;

Vamos a ver. Básicamente la historia cuenta la llegada de Eneas, un héroe exiliado de Troya, que acaba de ser destruida y que busca refugio en Cartago, donde reina Dido. Y el caso es que se enamoran perdidamente, cosa que no gusta a los dioses, quienes, envidiosos, mandan a unas brujas a engañar al troyano. Le hacen creer que si vuelve a Troya podrá reconstruirla, compromiso que no puede eludir ya que su misión es refundar la ciudad destruida. Pero resulta que el pobre Eneas no quiere creérselo, pero al final cae en la trampa y decide que tiene que ir, aunque eso signifique que su relación con Dido tenga que terminar. Ella sabe que sin Eneas no va a poder vivir (joder qué trágica la tía) y a pesar de todo, le deja ir. Eneas, en un último momento, para darle más dramatismo al asunto, se arrepiente y decide quedarse, pero Dido, que es muy suya, le dice que de eso nada, que ella de segundo plato no, y que se vaya. Y se va, claro. Y entonces la desdichada reina, antes de quitarse la vida (echándose a una pira, ni más ni menos, la muy loca) canta el famosísimo lamento, que, como he dicho, es una de las arias más impresionantes de toda la historia de la música.

El canto fúnebre y de despedida, viene precedido por un recitativo que se encarga de ponernos en situación. Y en el comienzo del aria, justo antes de que Dido comience a cantar escucharéis una introducción mediante cuerda que observaréis va en descenso. Esta música se reproduce hasta 9 veces como ostinato, es decir, como acompañamiento continuo durante todo el aria, un acompañamiento que a veces retarda, fórmula empleada por Purcell para crear lamento y dolor. Después, con Dido ya muerta, suena un coro de una belleza y tristeza tal, que calma el espíritu dolorido. Os dejo una actuación sublime, en este caso por Malena Ernman, que consigue, con su interpretación y actuación, trasladarnos toda esa tristeza y desesperanza de la reina Dido tras la partida de Eneas. Recitativo, aria y coro. A ver qué os parece.

When I am laid in earth / Cuando repose en tierra,

May my wrongs create / que mis errores

no trouble in thy breast; / no causen aflicciones en tu pecho;

remember me, but / recuérdame, pero

ah! forget my fate. / ¡ay!, olvida mi destino.

El lamento tiene múltiples grabaciones, bien sean parte de toda la ópera, o como parte de un trabajo recopilatorio. Yo os recomiendo escucharla en el marco de la ópera completa. Escuchadla una vez entera, veréis que maravilla y la segunda, si podéis, seguidla con el libreto delante, que podéis encontrarlo en Internet convenientemente traducido. Después de esa escucha, cada vez que escuchéis la ópera completa o el aria suelta, disfrutaréis mucho más. Yo, hace muchos años, tuve la suerte de ver esta ópera en directo, con un concepto extraordinario que, desgraciadamente, no he vuelto a ver en Iruñea. David Guindano dirigió a un nutrido conjunto de cantantes, coro y músicos que interpretaron la ópera en el patio del INAP, como si fuese un teatro inglés del XVII. A la entrada y en el interior malabaristas y saltimbanquis, espectáculos de fuego, música popular, danzas y en el transcurso de la ópera unas interpretaciones deslumbrantes para la juventud de los intérpretes, algunas de ellas, por cierto, en los comienzos de su exitosa carrera musical. Entre otras, pudimos ver y escuchar a unas jovencísimas Raquel Andueza y Maite Beaumont. Entre las versiones de la ópera completa me quedo con tres. La primera es una grabación con unos años, con la Academy of Ancient Music and Chorus, dirigidos por Christopher Hogwood y con una, a mi modo de ver, insuperable Catherine Bott en el papel de Dido, quien interpreta el lamento de una forma absolutamente dramática. La segunda es de 1995, con William Christie dirigiendo a Les Arts Florissants y Véronique Gens en el papel de reina cartaginense. Me gusta porque me gusta todo lo de William Christie básicamente. Y la tercera es del Armonico Consort dirigidos por Christopher Monks, con una Rachael Lloyd en estado de gracia en esta interpretación, una versión, de 2015, quizá, demasiado adornada.

Entre las versiones sueltas del lamento voy a nombrar unas cuantas, pero la verdad es que hay para dar y regalar. Raquel Andueza con Christina Pluhar y L’Arpegiatta, Malena Ernman, Pumeza Matshikiza, Joyce Didonato o el contratenor Andreas Scholl. Y después, resulta que este aria ofrece muchas posibilidades de interpretación, con otro estilo que no es el original, o con instrumentos. Yo soy de los que puedo disfrutar igualmente con estas versiones, porque es lo grande de la música, aunque me siga quedando con el original. Entre estas tenemos a Simone Dinnerstein y Tift Merritt, Alison Moyet, Kronthaler, The Swingler Singers y The Modern Jazz Quartet, Richard Thompson, Anneke van Giersbergen y Árstídir, Nevermind Catherine o PianoBasso. Y son solo algunas.

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Y por fin, la lista de Spotify. Disfrutadla.

https://open.spotify.com/user/1111910413/playlist/5o3EP2NNSYZ9nW3dtzBFnt&theme=white

el lamento de Dido

Entre mis rarezas de adolescente tuve la de aficionarme a la obra de Henry Purcell, un compositor inglés, quizás El compositor inglés. Este buen señor que vivió en la segunda mitad del siglo XVII, estuvo ligado toda su vida a la Abadía de Westminster y por lo tanto a la casa real inglesa, para quien trabajaba. La verdad es que me gustaba y me gusta su música, que me parece, siempre, de un gusto exquisito.

El caso es que hoy al llegar a casa y ponerme cómodo me ha dado por ponerme una ópera de la que ya os he hablado alguna vez, la célebre Dido y Eneas. Esta ópera que la vi hace años en el patio del actual INAP va a ser puesta en escena de nuevo en Iruñea, con motivo del 20 aniversario de aquella representación, y dirigida de nuevo por David Guindano. Por lo tanto, si os apetece disfrutar de una ópera barroca inglesa, de un compositor extraordinario, dirigida por un maestro de la tierra y con melodías preciosas, apuntaros las fechas y el lugar: días 7 y 8 de mayo en el Teatro Gayarre. Avisados y avisadas quedáis.

Otro día prometo hablaros de la ópera en cuestión. Mientras tanto os dejo con una versión de la más celebre aria de esta ópera. El llamado Lamento de Dido. No es la versión clásica, pero reconozco que esta interpretación de la inglesa Alison Moyet es deliciosa, dándole el tono de lamento perfecto para sentir todo su mensaje. Pues eso, que cuando muera, no tengas en cuenta mis errores y sea recordada. No me olvides… Pobre reina Dido…

When I am laid, am laid in earth, May my wrongs create
No trouble, no trouble in thy breast;
Remember me, but ah! forget my fate,
Remember me, remember me, but ah! forget my fate.

euskal barroko para una tarde de domingo

Como más de uno sabe soy un ferviente aficionado de la música clásica en general y la antigua en particular. El Medievo, Renacimiento y Barroco son las épocas de la música en las que encuentro más emoción y mi espíritu más se conmueve. Dentro de estas músicas me gusta esa corriente que vuelve al origen y que de una u otra manera me hace ver que la música en estado puro no entiende de fronteras siendo ella misma el lenguaje universal. Si en la segunda mitad del siglo XX hubo emprendedores que iniciaron la búsqueda de la interpretación historicista (gracias Leonhardt, Harnoncourt y Gardiner), avanzado ese siglo y de lleno en el XXI otros intérpretes decidieron buscar el sonido primigenio y puro de aquellas músicas que, en gran parte, fueron interpretadas por el pueblo. Jordi Savall, José Miguel Moreno o Christina Pluhar son buenos ejemplos de esa interpretación que, libre de ataduras, ahonda en los sonidos originales, frescos y originales. Son interpretaciones que rompen, en gran medida, con el concepto histórico de música clásica y nuevos y variados grupos está surgiendo por todo el mundo, desde la Vieja Europa a cualquiera de las Américas.

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En Iruñea hay gente que lleva intentando hacer eso durante muchos años, aunando cultura popular con música y repertorios clásicos. Una de las mejores experiencias que he tenido fue asistir a una representación de la ópera de Purcell, Dido y Eneas, dirigida por el director y músico David Guindano. David, buen amigo y preocupado por la cultura y la música en nuestra tierra, logró entonces transportarme a un teatro londinense de finales del XVII, cuando en el patio de la antigua Escuela de Empresariales, hoy INAP, creo un espectáculo de danza, teatro y música logrando convertir a los espectadores en las gentes que inundaban los teatros a orillas del Támesis. Con los años ha seguido investigando, creando e interpretando música de todos los colores, de la que, sin duda, es uno de los más grandes enamorados. Estad atentos y atentas a cualquier cosa que haga.

En estas estaba, esta tarde, escuchando música interpretada por el maravilloso Jordi Savall cuando me he topado de bruces con un disco, editado por su sello Alia Vox, titulado Euskel Antiqva, interpretado por el grupo Euskal Barrokensemble, dirigido por el músico bilbaíno Enrike Solinis. Este grupo fue creado en 2006 y está formado por músicos de diferntes lugares que unen la música antigua, clásica y popular en interpretaciones frescas, a veces incluso con espacio para la improvisación, pero ejecutadas con una profesionalidad y creatividad increíbles. A veces la intimidad a la que llegan son capaces de dejarte sumido en el estupor placentero por un descubrimiento de algo nuevo.

Dicen que prefirieron utilizar “Euskel” a diferencia del convencional “Euskal” ya que el hecho de aparecer de esa manera en el manuscrito del siglo XVI de Lazarraga, les invitó a pensar en cierta medida, cómo las palabras varían a lo largo del tiempo y a pesar de ello el fondo al que refieren, en este caso al pueblo que tiene una lengua común sobre la que se vertebra un mundo socio cultural particular, sigue siendo siempre el mismo. Esta nueva ventana al mundo de la cultura que se hace llamar música antigua recoge las músicas y literaturas de otras épocas, dejando entrever muchas veces cómo el estrato culto y el popular convivieron en gran medida y evidenciando, eso sí, que la música llamada antigua es hija natural de la música popular. La amplitud y variedad del cancionero vasco, y de las expresiones artísticas como la literatura, la danza, la pintura o el bertsolarismo, además cómo no de la propia música culta, choca de frente con su escasa presencia en determinados círculos artísticos a los que merecería pertenecer.

Dicen que somos un pueblo de singularidades evidentes como el de poseer uno de los idiomas más inclasificables y antiguos del mundo, unos instrumentos musicales tan semejantes y diferentes a la vez a los de los pueblos que lo rodean, y que desarrolló su arte desde un principio en la misma medida que los vecinos que lo rodeaban, esa es la imagen que queremos trasladar de nuestra cultura. Un arte vasco vinculado a las corrientes europeas en boga en otros tiempos, muchas veces adelantada a su tiempo y muchas otras adormecida en su propio y natural ostracismo. Una cultura que en el Renacimiento todavía vivía sin digerir un cristianismo de última hora que chocaba de frente con su modus vivendi y sus creencias ancestrales.

Vivir en la cultura vasca supone disfrutar de la maravilla del arte vasco, disfrutar de todas sus aristas y recovecos y saber además caminar por el mundo disfrutando y aprendiendo de otras culturas, mezclándonos con ellas.

Si podéis, disfrutad de este disco, merece la pena. Una auténtica gozada por todos los sentidos. Yo espero escucharlos algún día en Iruñea. Tendré que hablar con una amiga mía, a ver si se puede hacer realidad.