la estrategia del limako

El limako, la babosa, necesita de moco y babas para poder desplazarse.

Van a ser cuatro meses de babas. La estrategia emprendida por la derecha española en Navarra (UPN y PP) va quedando más clara, si es que no lo estaba ya, a cada día que pasa, y conforme se va acercando el 24 de mayo, fecha en la que se celebrarán las elecciones forales y municipales, son más esperpénticas las demostraciones de nerviosismo entre sus filas.

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Son ya varias semanas de desembarco en Twitter de trolls (persona que publica mensajes provocadores, irrelevantes o fuera de tema en una comunidad en línea, como un foro de discusión, sala de chat,  blog o red social, con la principal intención de molestar o provocar una respuesta emocional en los usuarios y lectores) encapuchados, es decir, sin mostrar ni su cara, ni su verdadero nombre, todos de la órbita ultraderechista y siempre al amparo de las figuras relevantes del ultraconservadurismo político, social, mediático y religioso. Estos perfiles tienen como misión molestar, importunar y atacar con sus tuits a cualquier persona que demuestre públicamente estar a favor del cambio político y social en Navarra o cualquiera de los municipios del viejo Reyno o a cualquier incauto que muestre alguna diferencia con los postulados de la actual rancia élite gobernante. Lo que hasta hace poco era un espacio de debate e intercambio de opiniones entre diferentes, en donde podías tener acaloradas discusiones pero siempre en un clima de reconocimiento mutuo, lo están convirtiendo en una suerte de cuadrilátero de lucha de barro en la que solo ellos quieren enfangarse.

En programas de tertulia de radios y televisiones a sueldo, los intentos, cada vez más desesperados, de intentar conseguir con el insulto y la provocación una respuesta fuera de tono, son la tónica que marcan el desarrollo de esos pseudo debates cuya finalidad es que se hable de cualquier cosa menos del desfalco que han realizado en todos estos años, que no se hable de que las y los enfermos de hepatitis C han sido abandonados, que no se nombre siquiera el atraco a mano armada que supuso la desaparición de la CAN por parte de UPN y compañía, que no se escuche que los recortes en Educación están suponiendo una gigante merma en la calidad de enseñanza, que no se hagan alusiones a la exclusión en la que hemos vivido y vivimos las y los euskaldunes en nuestra propia tierra, etc, etc. La técnica del ventilador (esa en la que para no responder a un tema que incomoda se saca otro para que la atención se disperse) ha sido y es muy utilizada en estos tiempos en los que esa élite gobernante que ha robado, manipulado y excluido se ve fuera de los sillones y despachos institucionales.

14 LA TELE SEGUN FORGES

En el Ayuntamiento de Iruñea este mandato ha estado caracterizado por la exclusión antidemocrática, regular y sistemática, de la representación soberanista, progresista y abertzale. Ya desde el primer pleno pudimos ver esa actitud fascista cuando los legítimos representantes de Bildu fueron excluidos de diferentes órganos municipales en donde, como cualquier otro edil elegido en las urnas, debían participar para cumplir las funciones para las que habían sido elegidas y elegido. A lo largo de los años la exclusión ha sido una constante y así los representantes abertzales han sido excluidos de, entre otras, el lanzamiento del txupinazo, los actos de hermanamiento entre Baiona e Iruñea y otros actos protocolarios en donde no han sido ni invitados, excluyendo así a gran parte de la ciudad. Todo esto siempre con los votos a favor de UPN, PP y en gran medida PSN.

Los plenos han sido una constante demostración de la falta de respeto político y personal de la gran mayoría de concejales de UPN hacia el resto de ediles, de todos y cada uno de los ediles de la corporación. Pero, evidentemente, el objetivo principal de esta arrogancia, de la chulería, los graves insultos, la desfachatez, la falta de respeto y la mala baba han sido, una vez más, las y los concejales de EH Bildu. En gran medida esta situación ha estado amparada por el alcalde que, en calidad de presidente del Pleno, debería haber cuidado que los debates se desarrollasen, más o menos acaloradamente, pero siempre guardando unas mínimas formas de educación. No lo ha hecho, y conforme han pasado los años del mandato menos. Se ha agriado en gran medida. Me imagino que su participación en el cobro de dietas de la CAN habrá tenido mucho que ver en eso.

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En los plenos hay algo que la mayoría de gente desconoce. Para debatir una moción tiene que votarse, siempre, la urgencia. ¿Qué es esto? Pues es una votación que se hace, antes del debate de la propia moción, para determinar si se debate la moción o no. Cualquier persona con una mínima educación democrática sabe que el debate es la base, precisamente, de la política y, desde luego, de la política en claves democráticas. La mayoría del pleno siempre ha votado a favor del pase de urgencia, como no puede ser de otra forma, pero UPN y PP siempre han votado en contra de, ni siquiera, debatir las mociones llevadas a Pleno por EH Bildu. Ese es su modelo democrático y lo que entienden por debate político. Pero bueno, que se puede esperar de ellos y ellas. De tal palo, tal astilla.

La última ha sido la del alcalde Maya no respetando la baja por enfermedad de una de las concejalas de EH Bildu. Hasta ayer el alcalde, siempre que una no asistencia por causa grave modificaba las mayorías del Pleno, cambiaba el sentido de su voto (el voto de calidad) respetando así la composición y mayorías del pleno. Ayer no lo hizo y por esa causa la oposición mayoritaria en el Ayuntamiento tuvo que retirar varias mociones, sabiendo que la irrespetuosa y antidemocrática actitud de UPN iba a hacer que no prosperasen.

De las pocas mociones que se discutieron fue una llevada por UPN y PP en contra de una concentración que se realizó para denunciar la detención de Amaia Izko, concentración de solidaridad que se llevó a cabo frente a la escuela donde estudia el hijo de la portavoz de Sortu. Nuevamente se escucharon los clásicos improperios de UPN, encabezados en esta ocasión por el concejal de Educación, todo un experto en insultar, faltar al respeto e imponer sus políticas (y si no que se lo pregunten a las trabajadoras de Escuelas Infantiles). Que si utilización de niños en actos políticos (cualquiera puede buscar en Google poniendo niños, manifestación, pro vida, España… Y la cantidad de imágenes es elocuente), que si valores educativos (para mi la solidaridad es y siempre será un valor a incluir en la educación infantil y más, en la educación de toda la sociedad), que si apoyo a asesinos, que si falta de respeto a las víctimas y tal y cual. Es decir, el único sostén al que se aferran histéricamente sin darse cuenta que se les ha caído hace tiempo. Y llegó el momento de la intervención de la concejala del PP que, fuera de sí y con evidentes muestras de excitación, utilizó su intervención para atacar a la portavoz de Bildu, Eva Aranguren, como si estuviese en la pista de la discoteca poligonera.

El caso es que Eva, a micrófono cerrado, dijo algo inoportuno y que retiró tras un receso que el alcalde, en el circo que montaron, solicitó. En otras ocasiones cuando los concejales de EH Bildu han recibido insultos y han sido retirados, ahí ha quedado la cosa. Sin ir más lejos Etxeberria, concejal de UPN, hace unos meses les dijo que eran unos asesinos, ni más ni menos, algo que, posteriormente, retiró, y ahí quedó la cosa, pues en esta tierra en que vivimos hay heridas todavía sin cerrar y mucho menos sin cicatrizar que pueden jugarnos una mala pasada. Pero Eva no es de UPN, es de EH Bildu, una alternativa política con cada vez más apoyo y cuyo trabajo está poniendo nerviosos a los del Régimen. Por eso han pedido la dimisión de Eva. Por eso han utilizado a la Policía Foral en todo este circo. Por eso sus medios van a estirar el chicle todo lo que puedan.

Este Pueblo necesita un relato común de lo que ha pasado, no solo desde el 75 si no, por lo menos, desde el 36. Necesitamos justicia, verdad y reconocimiento de todo lo que ha pasado y desde luego respeto para todas las víctimas, para todas y cada una de ellas. Para las que están enterradas y también para las que todavía no se sabe ni dónde están. Para quienes tienen el reconocimiento unánime y para quienes todavía hoy no reciben el mismo tratamiento por parte de la élite gobernante. Algún día, más pronto que tarde, la verdad saldrá y se conocerá, toda la verdad, no tengo ninguna duda. La justicia será la base de la construcción de una sociedad que tendrá que aprender a convivir. Y el reconocimiento y respeto a todas las víctimas y de todo el daño causado a lo ancho y lago de nuestra geografía estará asegurado. Hasta que ese día llegue, seguiremos trabajando para avanzar en ese camino difícil pero necesario de hacer.

Mientras tanto la derecha española en Nafarroa seguirá con su estrategia del limako, que necesita babas y mocos para avanzar… o para no hundirse del todo.

Un abrazo y todo mi ánimo a Eva Aranguren, comprometida, trabajadora, compañera y amiga.

mis sanfermines

Herri sanferminak

Me gusta despertarme a las cinco de la mañana del seis de julio con el estómago lleno de nervios, como si tuviese veinte años menos, intentar dormir de nuevo y descubrir a los diez minutos que estás sonriendo pensando en lo que viene. No me gusta que nadie me diga cuándo tengo que empezar las fiestas, pero lo llevo dentro y lo acato y hasta las doce en punto no me pongo el pañuelico. No me gusta la gente que se pone el pañuelo antes de tiempo o en otro momento del año. Esto es totalmente ridículo, lo asumo, pero no me gusta. Me gusta salir de casa a las nueve de la mañana y ver a gente vestida de blanco, algunos con bolsas de bebida, otros encontrándose con la cuadrilla y me gusta mirar a las ventanas para ver a la gente asomada y sonriendo, pero no suelo ver a nadie. Me gusta colocar la ikurriña, la bandera de Navarra y el Arrano Beltza en los mástiles del local de dantzas, antes del almuerzo, mientras va llegando la gente y me pone de muy mala hostia la noche que algún gilipollas decide romper el mástil y llevarse alguna de ellas. Me gusta el almuerzo de huevos con jamón y tomate a las nueve y media, algo, por otro lado impensable en cualquier otro día del año y no me gusta cuando cae la primera mancha de tomate, algo inevitable y que es eso, precisamente, la primera mancha. Tampoco me gusta la gente que piensa que para divertirse el seis de julio es necesario manchar al de al lado. Definitivamente son imbéciles. Me gusta cuando empiezo a ver a los gaiteros de Baigorri pasando hacia el ayuntamiento antes de las doce. Me gusta cuando queda una hora y te tomas el café tranquilamente y no me gusta la gente que se escaquea de recoger las mesas del almuerzo. Me gustan los críos de mis amigos y amigas que te miran con cara de estáis locos, me gusta cuando encendemos la tele en el sótano y ves que en la plaza hay espacio para la reivindicación. No me gusta la violencia que las diferentes policías utilizan contra parte de esta ciudad para que no llegue la ikurriña a la plaza. Me gusta y emociona cuando unos barbudos cuelgan una enorme ikurriña en las narices de los cortijeros y corruptos del Régimen que ponen cara de no poder creérselo. Ajo y agua. ¡Si no quieres taza, taza y media! Aborrezco cuando esa gente, que se cree dueña y señora de nuestra Iruñea, pretende hacer que pidamos perdón porque un símbolo aceptado y querido por casi la mitad de las y los iruindarras ha hecho acto de presencia en el comienzo de las fiestas. Yo no tengo nada por lo que pedir perdón. Ellos si. Ellos que nos han robado económica, política y sentimentalmente. Me gusta cuando la plaza a rebosar les recuerda lo ladrones que son y les pide que se vayan. Me gusta ponerme el pañuelo a las doce, no cuando a un chiringuitero le apetece tirar el txupinazo. Me gusta la Biribilketa de Gaintza en el zaguán consistorial poco antes de que se abran las puertas del ayuntamiento. Me gusta brindar por todas aquéllas y aquéllos que no pueden estar en Iruñea en fiestas, pero que viven con intensidad y emoción este día y estos momentos desde las cárceles españolas y francesas. No me gusta cuando una Audiencia extranjera pretende prohibir que nos acordemos de ellas y ellos. Me pone los pelos de punta el aplauso unánime a la ikurriña al comienzo del festival de dantzas de la Plaza de los Fueros, me gustan los grupos de dantza de Iruñerria haciendo el saludo a la ikurriña en agintariena y me chiflan las dantzas. Me gusta Larraindantza a las dos y media de la tarde del seis de julio. Me gustan los abrazos y besos del día seis, como si no nos hubiésemos besado nunca, entre el sudor, la emoción, las risas, los primeros bailes. No me gusta, me parte la fiesta y me enerva, enfurece y me da asco cuando algún imbécil decide sacar el machista heteropatriarcal que lleva dentro y agrede verbal o físicamente a una mujer por el mero hecho de ser mujer. No me gusta cuando los del Régimen, que tan molestos se sienten por un símbolo de esta ciudad, asisten impasibles y por lo tanto cómplices a esta vejación de las mujeres. Me gusta cuando las mujeres deciden auto-organizarse y deciden defenderse. Me gusta que algunos hombres las tengamos como modelo de lucha y compromiso. Me gustan la gente que viene de fuera y se adapta a lo que aquí vivimos, intentando hacerse un hueco en esta fiesta, porque hay sitio para todo el mundo. Me disgusta cuando los y las guiris desembarcan como si esto fuese la ciudad sin ley donde todo es posible. Me da asco porque esto es lo que les venden desde algunos despachos del ayuntamiento. Me apasiona cuando le cantan al santo por tres veces en el comienzo del encierro y cada vez se oye más cantar en euskera. Me gusta ver a Xabi corriendo en Santo Domingo, como antes lo hizo Iosu, como los del Cabestro, gente de Iruñea, que no necesitan cámaras ni televisiones para vivir preciosas carreras delante de los toros. Me disgusta ver a gente haciendo el pata delante de los morlacos como si fuesen vacas. Aborrezco las camisetas de colores en el encierro, las camisetas de equipos de fútbol y la gente que para tener 3 segundos de “gloria” necesita distinguirse con colores, cuando en realidad son parte de ese gris del espectáculo mediático.

Me gusta el almuerzo del día siete, medio de resaca y contando la víspera, lo que nos acordamos de ella. Me gusta el vermuth del día de San Fermín. Me gusta ver a mis concejales en la procesión y poder aplaudirles. Me disgusta que algunos se crean que este acto sólo es de ellos. Me gusta El asombro de Damasco y después de oírlo lo tarareo un buen rato. Me gusta la Pamplonesa en las dianas y no me gustan los divinos de las dianas. Me gusta encontrarme con la familia en el vermuth del día siete. Me gusta y me pone los pelos de punta acordarme de la ama ese día riendo, cantando y bailando. Me gusta la comida familiar del siete y me gustan los brindis por quienes ya no están, los cantos, las risas de los nuevos miembros de la familia. Me gusta el comienzo del Te Deum de Charpentier al principio de cada corrida aunque casi nadie sepa que es una melodía del XVII. Me gusta la pitada en sol al alcalde en la plaza de toros el día siete. Me gusta cuando los de sombra, por vez primera, no aplauden. Me gusta la merienda del siete. Me disgustan los anormales que se dedican a tirar de todo desde andanada. Me gusta la salida de las peñas y me encanta salir a mi aire, sin un recorrido fijo, perdiéndome en mi propia fiesta. Me gustan la cervezas con mis tías y tíos. Me gusta encontrarme con una mirada en medio de un bar, rozarnos con los ojos y decir “lo siento” cuando las respectivas cuadrillas deciden cambiar de bar. Me dan náuseas los putos graciosos que tienen que decir algo pretendidamente gracioso a las mujeres que están en nuestro grupo. Me gusta cantar Dolü gabe con la gente de Iparralde, no me gusta cuando los gabachos deciden practicar el rugby en un bar lleno de gente. Me gusta cuando la gente de fuera hace el esfuerzo de pedir en euskera o cuando te dicen agur y no me gusta la gente que viene aquí como si fuesen las tropas del Duque de Alba. Me gusta ver el jai gune de Gora Iruñea lleno de gente a todas horas, me gusta la pequeña victoria popular que eso ha supuesto y no me gusta que alguien se crea que ese es el objetivo, porque tenemos mucho todavía en qué avanzar para que estas fiestas recuperen su caracter popular, participativo, paritario y euskaldun que nunca debieron perder. Me gusta encontrarme con un amigo que está de gaupasa y que me diga con una sonrisa que es que ha ligado, no me gusta el agobio que algunos llevan encima porque no ligan… quizás si no tuviesen ese agobio ligarían algo más. Me gusta la gente del resto de Euskal Herria cuando viene con sus pañuelos de Piratas de Donostia, de comparsas de Bilbo, con los pañuelos de Iparralde y con los de los y las blusas de Gasteiz. Me da bastante asco cuando la gente viene y no respeta, y mea en cualquier sitio como si esto fuera su caseta de ferias. Me gusta la txozna del Oinez y no me gusta que Gora Iruñea y el Oinez estén fuera del espacio festivo mientras las casetas regionales, sin concurso ni nada que se les parezca, están en el cogollo de la fiesta. Me gustan las dianas de txistularis y gaiteros. Me gusta Braulia dando vueltas al son del txistu y no me gusta cuando se cae y se rompe el cuello. Me gustan los zaldikos, las txarangas de las peñas y uno que toca el violín en una esquina… ese, me encanta. Lo siento, no me gustan las batucadas, pero me gusta el Struendo de Iruña. Me gusta la elektrotxaranga y el bailoteo con ella. Me gusta la espontaneidad de la fiesta y aborrezco el programa cerrado. Me gustan los ritos de la fiesta y me disgustan las tradiciones sin sentido. Me emociono con el vermuth familiar del día catorce, con La Dominguera del catorce en la Plaza del Ayuntamiento, me encantan los vermuths que se alargan sin querer, me gusta la foto familiar del catorce y me encanta que mi tío haga como que no le gusta, me gustan los “amigos” de unas horas y me gusta reencontrarme con amigos que no he visto en todas las fiestas, porque estas fiestas son así, para vivirlas en libertad. Me gusta terminar las fiestas cuando a mi me da la gana, sin que me diga nadie desde su púlpito del ayuntamiento, cuándo tengo que terminarlas. Me gusta quedarme con el pañuelo al cuello hasta que llego a casa el último día y me disgustan las lecciones de gente que me dice que me lo tengo que quitar. Me pone frenético la tontería de anudar pañuelos en puertas de iglesias o el ayuntamiento, es más, me parece una imbecilidad. Me gusta llegar a casa el día catorce, o el quince a la mañana, poner una lavadora con la ropa y dormirme pensando que ya falta menos.

Estos son mis sanfermines, incomprensibles, sentidos, incongruentes, difíciles de explicar, ni tampoco lo pretendo. Lo mejor es vivirlos, cada uno a su manera, pero vivirlos desde dentro y dejándote llevar por ellos. Nueve días en 365, pero nueve días que también marcan una manera de vivir la ciudad el resto del año.