el silencio es lo que hay

El silencio es lo que hay.

Ayer, escuchando una entrevista a Pablo d’Ors, sacerdote y escritor, de repente soltó esta frase que me dejó estupefacto. Porque esa es la realidad, aunque no nos damos cuenta. El silencio es lo que hay. En este mundo de ruido, principalmente en las ciudades, si quitamos los sonidos de coches, televisiones y radios, gente gritando y hablando por la calle, ruidos de bares, movimiento, etc, lo que queda es el silencio. Básicamente.

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Es curioso que una de las cosas que ha llamado más la atención tras las obras de amabilización del Ensanche, ha sido el silencio que ha dejado en algunas zonas como el Paseo de Sarasate o Navas de Tolosa. Ha sido uno de los comentarios más escuchados. Y es que esa es la realidad. Cuando quitamos el ruido añadido, lo que queda es el silencio y eso, además, nos trae bienestar. Por eso me deja estupefacto leer a gente cuya única labor es protestar por el ruido en sus calles decir que prefieren una calle llena de coches a una llena de gente. Yo no. Yo prefiero ir quitando, poco a poco y con inteligencia, los coches de los centros de las ciudades y reconquistar el espacio que dejan. Porque somos las personas las que tenemos que reconquistar esos espacios. En cuanto al ruido que producimos todas las personas en nuestra vida, tenemos todavía mucho por hacer, mucho por aprender, sin duda. Yo por ejemplo, rara vez dejo el teléfono con el sonido puesto. Puede parecer una tontería, pero yo no entiendo a una persona que se pone a hablar a viva voz por teléfono en la villavesa. Tampoco entiendo que los gritos vayan exclusivamente asociados a la diversión en cualquier hora. Ni que tengamos que hacer todas las actividades en un mismo barrio. Tenemos que aprender a respetar. Es tan sencillo como eso.

Pero a lo que voy es que, sobre todo, tenemos que aprender a vivir nuestro propio silencio. Ese silencio que da miedo, porque es cuando empiezas a escucharte a ti mismo. Ese silencio que puede estar presente incluso en mitad de una avenida comercial llena de gente. Creo que el silencio, el de cada una de nosotras y nosotros, estoy convencido, tiene que ser la próxima revolución.

El silencio es lo que hay. El silencio es lo que queda. Volvamos al silencio.

un brasileño en Iruñea

La fotografía en blanco y negro siempre ha sido para mi un estilo mucho más bello que el de las fotografías en color. Una buena foto en blanco y negro tiene la virtud de capturar muchos más matices, texturas, luces y sombras que una en color. Es más, tratándose la fotografía del arte de fijar las luces y sombras de una imagen, me parece que esta modalidad tiene, siempre que se sepa hacer, evidentemente, más posibilidades de captar toda la esencia de esa imagen que cualquier otro tipo de fotografía. Habrá quien diga que la ausencia de color resta realismo a la imagen capturada, o que un color bien capturado puede aportar, por sí solo, toda una historia a la fotografía. En cambio para mi una buena fotografía en blanco y negro es sobre todo literatura en la fotografía, lo mismo puede ser poesía, que ensayo, novela o cuento, pero es capaz de contarnos una historia con unas sutilezas que en color, me parece, es más difícil de conseguir. Y naturalmente, es solo mi propia opinión. Hay fotografías en color que son espectaculares. Pero yo, me quedo con el blanco y negro.

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Fotografía de Sebastião Salgado, de su serie sobre las minas de Sierra pelada

Estos días se ha inaugurado en el Paseo de Sarasate una exposición de un fotógrafo excepcional, el brasileño Sebastião Salgado. A pesar de haber comenzado a dedicarse a la fotografía a partir de los 30 años, ha sido capaz de emocionar al mundo con sus imágenes sobre la humanidad. Porque precisamente eso es lo que fotografía Sebastião. Ha recorrido con Leica los principales conflictos humanitarios de las últimas décadas, logrando plasmar en sus imágenes el horror, el drama, la desesperación y el fracaso de la humanidad en las últimas décadas. La hambruna de Etiopía, las guerras de Ruanda, Yugoslavia, Irak, la dura vida de aborígenes del Amazonas y de los campesinos de las llanuras americanas. Uno de los trabajos más impactantes es, sin duda, la serie sobre las minas de Sierra Pelada con unas imágenes que muestran el esfuerzo, sufrimiento y la capacidad sobrehumana de los mineros. Hay también quien, incluso, ha criticado al fotógrafo por plasmar con tanta belleza el drama humano “desnaturalizando” la tragedia de personas. El propio Salgado decidió dejar de fotografiar este tipo de conflictos ante la desesperanza provocada por una humanidad violenta, agresiva y egoísta, es decir, cada vez más deshumanizada.

La exposición que ha sido instalada en el centro de Iruñea es el último trabajo de Sebastião Salgado. Génesis. Una vuelta a los orígenes del planeta. Una plasmación, en blanco y negro, de lugares que todavía mantienen la esencia de los orígenes de la vida en la Tierra. Un trabajo, principalmente de paisajes y naturaleza, cambiando absolutamente el registro de sus anteriores trabajos, pero consiguiendo, una vez más, capturar de manera tremendamente bella el objeto de su trabajo, en este caso la génesis del planeta Tierra. Un trabajo que os recomiendo visitar, si podéis hacerlo, poco a poco, disfrutando de 5 minutos ante una fotografía, sintiendo lo que nos dice, la historia que recoge, imaginando a Salgado disparando su Leica, pensando en qué sucedió después. Incluso, si queréis, tenéis oportunidad de visitar la exposición con una visita guiada los sábados, a las 12, en euskera y los domingos, a la misma hora, en castellano. No hace falta apuntarse. La muestra estará hasta el 17 de febrero. No os la perdáis. Un nuevo acierto y éxito del área de Cultura del Ayuntamiento de Iruñea.

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Y si queréis profundizar en Sebastião Salgado y su obra, os recomiendo un documental exquisito que grabó en 2014 el director Wim Wenders y el hijo del fotógrafo, Juliano Ribeiro Salgado. La sal de la Tierra. Una suerte de relato sobre las relaciones entre el planeta y la humanidad a lo largo de la obra del fotógrafo brasileño en los últimos 40 años. Impresionante. Y esperanzadora, por cierto. Tenéis el documental en Filmin y en Youtube.